El manga no es un género en sí, aunque erroneamente solemos usar el término para ese menester. El manga es un formato, dentro del cual existen distintos géneros y subgéneros. Es por tanto una manera de crear cómics, de la misma manera que pudiera ser la bande dessinée o el género superheróico. Cuando hablamos de manga es inevitable pensar en Japón ya que llevan más de cien años desarrollando sus historias, pero la creación de estos cómics no es exclusiva de los nipones y desde hace años creadores de otros países dedican su arte a crear mangas.
La explosión internacional del manga llegó a raiz de la película Akira a finales de los ochenta que se unió al éxito de las series animes por todas las cadenas del mundo. España no fue distinta en ese sentido y varias generaciones crecieron a la sombra de Dragon Ball, Doctor Slum, Los caballeros del zodiaco que precedieron a otros animes que con anterioridad habían calado en el país, como por ejemplo Mazinger Z.

Esta expansión del manga por todo el mundo provocó un poso y un impacto en los jovenes que vivieron aquellos años que el paso del tiempo los convertiría en autores foráneos a Japón deseosos de realizar manga. No se trataba de un hecho consciente, sino de una lógica evolución de referentes culturales adquiridos durante años. Es el caso de Manu López, autor de Ataraxia, que afirma: “Desde pequeño, he sido un asiduo lector de manga, y supongo que he adoptado el estilo de dibujo y de narración de una forma prácticamente natural, de la misma forma que un aficionado a la ciencia ficción escribiría historias de ciencia ficción casi instintivamente”. Este mismo motivo es el que llevara a muchos a calificarlo de una moda pasajera, pero como bien afirma Noiry, autora de Underdog junto a Laia Montserrat, una moda no dura veinte años y si bien el manga español lleva dibujándose desde hace más de diez no ha sido hasta hace poco que se hace de manera sistemática y en formato manga.
Pero no es fácil para un autor no japonés poder triunfar en este género. Los lectores tienden a preferir a los autores nipones y a las editoriales les sale más rentable importar obras de Japón que publicar autores locales. A pesar de ello no cesan de aparecer nuevos creadores. En España poco a poco la producción de manga español se va asentando y subiendo en calidad, llegando incluso a su internacionalización con autores como Ken Niimura, Nacho Fernández o Kenny Ruiz, autor de Dos Espadas. Este último asegura que los editores de todo el mundo son excepticos a la rentabilidad de producir manga, hacen falta “éxitos como Scott Pilgrim” para abrir las puertas de otros autores no japoneses.

Con todo ello, y como bien afirman desde Xian Nu Studio, creadores de Bakemono, el manga español todavía tiene que asentarse en España y poco a poco va ganando lectores y reconocimiento. López añade que para conseguir este reconocimiento las obras que generan los autores locales deben “ser impecables en todos los sentidos”. De esta manera conseguirá el respeto de los lectores habituales de manga japonés y evitar que “incluso series que no son muy buenas tengan mejor aceptación”, afirma Ruiz.
Para Xian Nu Studio hay además un problema en el mercado de manga, la saturación. Como ya se ha comentado a los editores les sale más rentable exportar que crear producto patrio y ello lleva a una saturación que el mercado no puede absorver. De la misma opinión es Laia Montserra, autora de Underdog junto con Noiry, que además añade que con la crisis actural los compradores “tienen como prioridad mantener sus colecciones favoritas”. Esta saturación la podemos unir al pobre mercado existente debido a las grandes diferencias entre el manga español y el japonés.

Entre estas diferencias una de las principales es la producción comercial. A diferencia del modelo comercial occidental, en Japón lo habitual es producir las revistas manga donde se publican por fascículos los cómics, posteriormente las más aclamadas son recopiladas en tomos similares a los que luego llegan a España. Para dar una idea de los niveles de ventas de estas obras podemos poner como ejemplo, Arrugas de Paco Roca, que tras sus numerosos premios ha vendido un total de más de 40.000 ejemplares en España. Por su parte, en Japón la revista más vendida Shōnen Jump llega a los 6 millones de ejemplares cada semana. Esta producción permite pagar a los autores sueldos mucho más elevados, contratando ayudantes, creando estudios, desarrollando un mercado y un sistema de trabajo que se encuentra totalmente establecido.
Pero las diferencias no sólo se encuentran en la industria sino culturalmente, existen mangas en Japón para absolutamente cualquier edad e incluso profesiones, o incluso en las influencias de los propios autores como afirma López que considera que la influencia de un autor japonés deriva de otros autores de manga que a su vez se educaron con más autores de este género, mientras que en autores de fuera de la isla esta influencia no sólo viene de mangakas sino que inevitablemente esta está influenciada por otros autores de otros géneros.

Todas estas diferencias provoca que las obras producidas fuera de Japón les sea muy complicadas llegar al mercado nipón e incluso fuera de nuestras fronteras. Como bien indica Ruiz el resto del mundo sabrá tanto del manga español como aquí conocemos el manga italiano o alemán, que probablemente también exista. Para diferenciar este manga nipón o “extranjero” en Estados Unidos, por ejemplo, utilizan la denominación OEL Manga (Original English Language Manga), donde no sólo incluyen el manga americano sino que acaban incluyendo cualquiera que no sea japonés.
Los estudios de manga
Como ya hemos explicado uno de las grandes diferencias entre la producción de manga en Japón y en el resto de países es su sistema de creación. En el país nipón es habitual que el dibujante cree un estudio a su alrededor con ayudantes que le permitan crear a la velocidad necesaria y exigida por el mercado japonés.
Este modelo de trabajo no es habitual en España, pero no inexistente. Aunque no al mismo nivel también existen algunos estudios de manga españoles que producen sus obras en un trabajo conjunto. Es el caso de Xian Nu Studio donde Irene y Laura trabajan codo con codo en obras como Bakemono publicada por Editores de Tebeos en la línea Gaijin.
Por el mismo motivo, pero por distintas circunstancias, Irene y Laura comenzaron a trabajar juntas debido a la gran carga de trabajo que una sola autora era capaz de soportar. Mientras que en Japón los problemas son el exceso de trabajo a realizar en muy poco tiempo lo que lleva a autores a contratar a gran cantidad de ayudantes. En España los compromisos laborales ajenos al manga son los que provocan tener que trabajar entre varios apoyándose unos a otros.
Pero además, existen otras ventajas como explican desde Xian Nu Studio al afirmar que todo fueron ventajas: la compañía, compartir el trabajo… “Las desventajas sólo surgen si realmente alguna de las partes no sabe trabajar en equipo, o no están hechas para pasar muchas horas al lado de la otra persona”, sentencian desde el estudio.

El manga sí triunfa en las chicas
Algo que el manga consigue en muchísima mayor medida que cualquier otro formato de cómics es atraer al público femenino. Entre las compradoras existe un gran porcentaje de aficionadas al manga, mientras que las lectoras de cómic europeo es mucho menor y aún hay más diferencia con las aficionadas al cómic superheróico.
Esto es posible gracias a la variedad de productos que ofrecen sus historias, como confirman desde Xian Nu Studio. Debido a la masiva producción, los editores optan por diversificarse y especializarse en todos los targets posibles cubriendo áreas tan concretas y diversas como el manga para oficinistas o el manga infantil, yendo desde las historias costumbristas a la fantasía. “Es algo que el cómic americano o francés no había hecho, o al menos, no al mismo nivel”, sentencian.
Pero además, las lectoras al igual que las autoras están evolucionando, ya no sólo se centran en obras femeninas o creadas con la idea de ser consumidas por mujeres, sino que van avanzando en el terreno considerado para hombres. Montserrat asegura que “cada vez hay más autoras femeninas, y la acción o la ciencia ficción ya no son géneros consumidos únicamente por hombres”.
