Autoras de cómic en la actualidad

Se podría decir que el cómic femenino en España nació en los años cuarenta, aunque su verdadero auge y fuerza no llegó hasta finales de los cincuenta y principio de lo sesenta. Pero todo se apago, y ya en los setenta poco quedaba del cómic dirigido a mujeres. Esto provocó un corte generacional de niñas que no disponían de tebeos dirigidos a ellas en los kioscos, aún así había autoras que absorviendo los tebeos ‘para niños’acabarían siendo dibujantes de cómics.

Ana Miralles, autora de Eva Medusa y Djinn, cree que el motivo de que haya más autores hombres es que hubo más lectores niños que leían tebeos dirigidos a ellos. En una sociedad de entonces tan tradicional las mujeres que se dedicaban a crear cómics para niñas no podían dedicarse de la misma manera que el resto de sus compañeros ya que “sobre ellas recaía el peso del hogar y la familia”. La cosa no mejoraría hasta años muy posteriores y por ello la representatividad femenina es casi nula y los personajes son tratados desde una perspectiva masculina, “las mujeres son solamente, al menos en el mercado occidental, un adorno”, afirma Carla Berrocal, autora de El Brujo. La autora madrileña reconoce que hubo un tiempo en los sesenta con un fuerte auge de lectoras pero a pesar de ello la gran mayoría de obras era de acción dirigidas a un público masculino, “el cómic femenino fue desapareciendo y el masculino ganó fuerza comercial”, termina Berrocal.

El verdadero germen culpable de la aparición de una generación de grandes autores no llegaría hasta principios y mediados de los ochenta. La llegada de las series anime a televisión, la evolución cultural y social y el aperturismo del país permitiría el acercamiento de las chicas al ocio habitualmente destinado a los chicos. De esta manera el poso cultural sería el mismo para ambos sexos.

Natacha Bustos, dibujante de La Zona, explica como de pequeña tanto niños como niñas leían los cómics de Bruguera por igual y como ambos sexos amaban las series de animación de la televisión. “Era evidente que el gusto por una u otra serie de género, si eran más de lucha o las que tenían más romance, el caso es que siempre habían otras que nos gustaban a todos, como Mazinger Z, Campeones o Bola de Dragón”, asegura Bustos.

Así al igual que hoy en día hay muchas más autoras y el número ha crecido, la cantidad de compradoras va en aumento. Elisa McCausland, periodista y teórica experta en cómics, cree que si hablamos de superhéroes hay menos mujeres que lo consuman debido a la herencia cultural asumida en la infancia pero que en lo referente a otros formatos y temáticas esto cambia. A pesar de ello existen mujeres que realizan trabajos en el sector superheroico consciente del trabajo que realizan y su principal público como podrían ser Gail Simone, Marjorie Liu o Jennifer Van Meter. Se dediquen al género que se dediquen todas ellas tienen algo en común, provienen de una época donde de pequeñas pudieron empaparse de unas referencias culturales cercanas al cómic.

Esta generación de autoras está llegado con fuerza en los últimos años y han comenzado a irrumpir con sus obras en un mercado copado por autores masculinos. Los editores no suelen tener problemas a la hora de publicar sus historias, si es un buen cómic y va a vender, se publica. En ese aspecto no hay discriminación, no se mira el sexo del autor, sino la calidad de su obra. Así nos lo explica Berrocal al asegurar que “todos compiten en igualdad de condiciones” porque te juzgan por tu trabajo, aunque reconoce que los editores “tienen cierta tendencia a decir que como eres chica ‘es mejor’” a pesar de que ella misma cree que no venden más por ser mujer.

Las principales trabas para las autoras no vienen directamente de las editoriales, sino de los lectores. Existen muchos prejuicios aunque cada vez menos por parte de los compradores de cómics, que en su mayoría son hombres. La idea de que una mujer no puede realizar una historia de su agrado todavía está enraizada en algunas arcaicas mente. Miralles es tajante: “Los prejuicios vienen mayormente de los lectores, y si esos prejuicios te acaban marginando, la culpa también es del editor, que no ha sabido vender tu obra”

Es por eso que el problema en sí, está en la sociedad, a la cual hay que educar para que ver un nombre femenino en una portada no sea ni un prejuicio ni un beneficio. Miralles es muy tajante en este aspecto: “Lo femenino es deficitario frente a lo masculino, es un pensamiento universal en todas las sociedades que se manifiesta en todos los ámbitos”. La sociedad al igual que otras industrias está principalmente dominada por hombres que son los que copan los altos cargos de las empresas. Pero cada vez hay mayores excepciones y cada vez las mujeres van consiguiendo cargos de responsabilidad como el caso de Bobbie Chase como nos cuenta McCausland. Chase es directora editoral de la compañía estadounidense DC Comics y ha llegado a su puesto por tener claro a que público va dirigido su producto. “Cuando lo que guía es la pasta, aquellos hombres y mujeres que se ciñan al sistema seguirán devolviendo prejuicios de género al sistema. Los y las conscientes, en cambio, aprovecharán las grietas de lo mainstream para hacer su magia”, afirma McCausland.

La solución ha estas discriminaciones son sencillas, basta con no mirar el sexo del autor, sino la calidad de su obra. Este cambio es gradual y se consigue con pequeños gestos de autores, editores y lectores consiguiendo así que cambie la percepción actual y que la equiparación a todos los niveles sea na realidad. De esta manera se ha conseguido que existan autoras como bien nos cuenta Bustos que hacen cosas diferentes ‘a lo femenino’ o lo que se supone que deberían de dibujar las mujeres. “El caso de Emma Rios dibujante de Marvel o Carla Berrocal con El Brujo son algunos de los ejemplos”, afirma la ibicenca. Berrocal optá además de por estos pequeños gestos por que se hable más de las autoras, sin llegar a la discriminación positiva, puesto que de forma natural se tiende a hablar más del trabajo de los hombres.

El caso norteamericano

Esta menor representación femenina entre los autores de cómics no es un caso exclusivo del cómic patrio, en otros países se da la misma situación. En Estados Unidos el plantel de trabajadores de las grandes editoriales como Marvel o DC es gigantesco, pero el porcentaje de mujeres muy bajo. Esto quizá se pueda deber al menor interés de las mujeres en los cómics de superhéroes como afirma Paige Braddock, autora de Jane’s World, que achaca los gustos de las autoras a las pocas trabajadoras en estas dos grandes compañías. Por el contrario “hay más chicas interesadas en las historias publicadas por dibujantes indies” lo que acercaría a las mujeres a acabar en géneros parecidos.

De nuevo en similitud al caso español, las referencias infantiles son un factor importante a tener en cuenta a la hora de comprender la menor cantidad de autoras. Braddock afirma que es más complicado para una mujer llegar a trabajar en el cómic “porque no existen muchos modelos femeninos. Los cómics tienen una tradición de hombres y este legado hace que sea más difícil para las mujeres irrumpir en la industria”.

Esta industria que ha sido tradicionalmente un campo dominado por hombres provoca que las mujeres “no vean los cómics como una opción de carrera viable”, mientras que ellos encuentran apoyos y maestros que les empujan a dedicarse de pleno a este sector.

A diferencia de lo que nos explicaban las autoras españolas en el sector del cómic nacional, Braddock nos habla de las tiras de prensa estadounidense donde sí encuentra sexismo y un trato preferencial para el hombre, por el contrario y al igual que ocurre aquí en el cómic no juega un papel tan importante al tratarse de un campo de historias e ideas mucho más amplio.

 
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