Autoedición: la revolución digital
Desde hace unos años la aparición de la imprenta digital ha cambiado el panorama del mercado de autoedición de cómics. Donde antes se encontraban los fanzines hechos a base de fotocopias ahora encontramos lujosas ediciones en papel capaces de competir en calidad a los cómics de cualquier editorial convencional.
Desde siempre la autoedición ha sido una práctica habitual entre autores noveles o aficionados que veían en estas autopublicaciones una manera de empezar a darse a conocer en un círculo cerrado. Pero gracias a la irrupción de la imprenta digital con la desaparición del fotolito y las facilidades de imprimir desde un archivo de ordenador ha llevado a una bajada de precios y costes de producción cambiando por completo el panorama y llevando a muchos autores noveles y consagrados a optar por publicarse sus propias obras.
Por qué autopublicarse pudiendo dejar el duro trabajo de edición y promoción a un editor profesional. Dos son las respuestas más socorridas, la libertad y un material impublicable en una editorial comercial. Andrés Palomino, alias blip, autor de Crónicas PSN y autoeditor lo tiene claro, para él el gran beneficio es “la libertad para que tu cómic sea exactamente el que tú quieres. Sin modificaciones ni interferencias. Además de permitir controlar el precio y la edición”. Xavier Águeda, alias El Listo, webcomiquero y autoeditor, por su parte nunca intentó “convencer a una editorial de que el producto podía tener algún potencial comercial. Era algo un poco raro y, aunque al final tuvo más éxito del esperado, al principio contaba sólo con venderlo a cuatro amigos y lectores fieles de Internet”. Óscar Valiente, editor de Norma Editorial por el contrario duda “que un solo autor pueda realizar el trabajo de edición, promoción y comercialización que ofrece un buen editor”.
Palomino cree que “los sistemas de impresión digital permite a los autoeditores ofrecer un producto con un acabado muy similar a los cómics de las editoriales convencionales. Eso y los precios baratos han hecho que muchos nos animemos a dar un salto que diez años atrás era impensable”. Por el contrario esta bajada de precios en las pequeñas ediciones no ha supuesto un ahorro significativo en las grandes editoriales que ven como la reducción de precios en la impresión han provocado nuevos gastos que antes no existían. Valiente explica que “no ha habido un ahorro significativo. Ya no se gasta en fotolitos, pero se hace en escaneos y retoques, y los editores internacionales siguen cobrando sumas elevadas por los materiales digitales”.
A pesar de este acercamiento en cuanto es el aspecto del acabado final la diferencia entre ambos productos aún es significativa en otros aspectos como la distribución y la promoción. Uno de los principales problemas es la cerrada difusión, la cual se centra normalmente en los que ya conocen el producto o al autor del mismo, normalmente a través de su web (la del producto o la del autor). Palomino piensa que “esa es la gran diferencia entre un autoeditor y una editorial”, por su parte optó por dejar de vender a través de librerías puesto que “prácticamente no se vendían ejemplares, y además se llevan comisión”. Este porcentaje hace que sea más rentable encargarse uno mismo de la distribución como explica Águeda puesto que de lo vendido a través de distribuidora “sólo llega el cincuenta por ciento o un cuarenta por ciento del precio, mientras que de los vendidos por cuenta propia el beneficio es integro para el autor. De ahí hay que descontar los costes de imprenta, que no suelen superar los tres euros por impresión. En cambio, trabajando para una editorial, es habitual que el autor reciba sólo el diez por ciento del precio”.
Esta venta a pequeña escala y no en el circuito comercial habitual provoca que las grandes editoriales no vean competencia en las pequeñas autoediciones, sino todo lo contrario. Valiente afirma que “en tiempos de crisis como el que estamos ahora, cualquier iniciativa que suponga crear y publicar no parece competencia. Toda aportación al mercado beneficia al conjunto, y más si es una producción de un autor de aquí”.
Es por ello que la promoción y más concretamente la autopromoción acaba siendo un pilar fundamental a la hora de dar a conocer el producto más allá de los lectores ya conocidos. Águeda cree que es vital “moverlo por las redes sociales y los blogs, mandar emails, suplicar reseñas, filmar tonterías para youtube… Además de la ayuda que puedan proporcionar los amigos”. Manuel Bartual autoeditó el fanzine Caramba, el cual cosechó un éxito increíble al vender casi mil ejemplares exclusivamente a través de su web. Para Bartual este éxito “ha sido una mezcla de todo, el atractivo plantel de autores y la campaña de promoción en redes sociales e Internet que ha sido más o menos efectiva. No veo productos que se promocionen de esta manera, conseguimos llamar la atención”. Palomino sentencia asegurando que “ahora mismo internet y una buena relación con tus lectores es un cincuenta por ciento del éxito del producto. El otro cincuenta por ciento es la calidad del cómic”.
La técnica de edición suele ser casi siempre la misma. Tiradas cortas que vuelven a imprimirse cuando se agotan e incluso tiradas bajo pedido, asegurando de esta manera no perder dinero. Águeda optó por hacer una primera edición de su obra de “unos pocos centenares para distribuirlo entre amigos, familiares y salones del cómic. Cuando se agotó hice una segunda edición para su venta”. Así se llega incluso a ganar algo de dinero, pero sin compensar todas las horas invertidas. Normalmente este poco dinero se suele invertir en volver a imprimir más ejemplares o para una futura nueva impresión. Esto nos lleva a un punto importante de la autoedición, quizá la base de la misma. No se publica para hacer negocio, sino por amor al cómic.
Publicar lo ya publicado
Hoy en día con Internet y las redes sociales son muchos los autores que optan en un primer lugar en publicar su obra en sus blogs o páginas webs personales. Después, con el paso del tiempo y si tienen éxito aprovechan para recopilar lo mejor de su obra y publicarla en papel.
Es un curioso fenómeno ver como una obra que se encuentra totalmente gratuita en la red es comprada por los mismos internautas. Andrés Palomino, que ya ha recopilado hasta cinco álbumes de las tiras que publica diariamente en Crónicas PSN, cree que “hay mucha gente que prefiere leer mi cómic recopilado, atentamente, aunque previamente lo haya seguido ya gratis online, de forma más o menos constante. Además, en las recopilaciones siempre se añade contenido adicional exclusivo de ese que tanto le mola a los coleccionistas”. Juanjo Escofet, alias Runtime-Error, publicó Ódiame o Ámame, una selección de sus mejores trabajos aparecidos en su web. Por su parte él cree que si la gente compra obras ya publicadas en Internet es “la comodidad y poder tener el trabajo de alguien en un formato físico que puedes guardar. También para tener a mano ‘lo mejor’, si tuvieses que buscar en la web qué es lo mejor que he hecho, tardarías muchos días en recopilarlo”.
Ambos autores creen que esta práctica no tendrá mucho futuro en cuanto la mentalidad material de tener el cómic físico desaparezca y la gente esté hecha a la idea de tener las cosas en formatos digitales. Palomino afirma que se trata de “una mentalidad posesiva, casi fetichista, que seguramente las próximas generaciones no tendrán, estará todo en la nube digital”. Escofet es de la misma opinión y no repetirá la experiencia. Del cómic en papel opina que según “va pasando el tiempo le veo menos futuro, de momento no creo que saque más libros en papel…”.
Asociación de Editores de Cómics de España
El pasado 15 de diciembre salió a la luz la noticia dela creación de la Asociación de Editores de Cómics de España (AECE). Esta asociación nace con la unión de quince grandes editoriales (Aleta Ediciones, Amaniaco Ediciones, Astiberri Ediciones, Bang Ediciones, BD Banda, De Ponent Ediciones, Diábolo Ediciones, Dibbuks Ediciones, Dolmen Editorial, El Papito Editorial, Kraken Ediciones, La Cúpula Ediciones, Norma Editorial, Retranca Editora y Sins Entido Ediciones) para promocionar el cómic y también para defender los derechos de autor.
En España según el Estudio de Comercio Interior del Libro en España 2010 presentado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) el 14,5 por ciento de la población lee cómics con frecuencia, facturando durante ese año un total de ochenta y cinco millones de euros y siendo el único sector editorial que aumentó sus ventas con más títulos y menos tirada. Esta tendencia alcista hacía inevitable que los editores acabaran por unirse como ha acabado ocurriendo.
Óscar Valiente, vocal de la AECE, explica que gracias a la asociación las editoriales podrán “unir fuerzas para que algunas de las acciones sean más potentes y mejorar la eficacia de otras”, siendo hacer frente a otras instituciones “uno de los primeros objetivos de la asociación. Tener una única voz a la hora de afrontar algunas situaciones es necesario. Por ejemplo, la exposición colectiva de España que habrá en Angoulême en enero de 2012, celebrar el día del cómic, combatir la piratería ilegal, etcétera” remarca Valiente.
Sergio Bleda, autor y ex presidente de la Asociación de Autores de Cómics de España piensa que la creación de esta asociación “es algo que se tendría que haber hecho hace muchísimos años. Es una buena noticia siempre que la gente se una y lo haga con buenas intenciones. Habrá que esperar a ver cuáles son sus actuaciones y ver en qué consiste esta asociación realmente”. Esa es una de las grandes incógnitas que se tendrán que desvelar durante 2012 cuando la AECE comience a dar sus primeros pasos y sepamos a que dirección se dirige.







Me ha molado lo de que “editor de Norma Editorial duda que un solo autor pueda realizar el trabajo de edición, promoción y comercialización que ofrece un buen editor”.
Ya que la declaración de Óscar parece que va a llevar cola creo que lo justo es poner la frase exácta que dijo. Fue “Con todo el respeto, dudo que un solo autor pueda realizar el trabajo de edición, promoción y comercialización que ofrece un buen editor. Si un autor se dedica a hacer todo eso… ¿cuándo va a crear?”
La clave está en lo del “buen editor”. ¿De verdad hay buenos editores en España?
La frase debería ser “un solo autor puede realizar el trabajo de edición, promoción y comercialización que ofrece un mal editor”.
Y por esa parte tiene razón, a qué negarlo. Pero también es verdad que hay editores que van fatal de tiempo y no pueden promocionar una obra como el autor, que la conoce… Es delicado, supongo.
Pues la verdad es que así suena mucho mejor
Esto como siempre va ligado a la cultura comiquera española. Habría que comparar como dice Laurille el tiempo que disponen o que personal tienen con lo que pueda tener una editoral francesa o una editorial española de libros o revistas, por ejemplo.
Creo que hoy en día las diferencias entre lo amateur y lo profesional cada vez se acorta más y como dice Jordi el trabajo de un mal editor lo puede hacer un buen autor con conocimientos. Pero también es cierto que es probable que un buen editor tenga más bagaje y experiencia para hacer mejor el trabajo.